Durante años, el campo fue una idea lejana para Francy Helena Grisales. Como muchos jóvenes, creció pensando que las oportunidades estaban en la ciudad. Allí construyó su vida, estudió, trabajó y formó una familia. Sin embargo, había algo pendiente: volver.

Después de casi tres décadas lejos de la ruralidad, y en medio de los cambios que dejó la pandemia, tomó una decisión que transformaría su historia: regresar al origen y cumplir un sueño familiar. Compró una finca en la vereda Alto del Toro, en Dosquebradas, un lugar que encontró deteriorado, pero lleno de potencial.

Lo que parecía un reto imposible, empezó a tomar forma con el trabajo conjunto de sus padres, quienes, con experiencia y amor por la tierra, comenzaron a recuperar cada rincón de la finca.

Sin experiencia previa en el mundo del café, Francy emprendió un proceso de formación que transformaría el rumbo de su proyecto. En ese camino encontró un aliado clave: el gobernador Juan Diego Patiño, a través de los programas impulsados para fortalecer el sector rural.

A través de la secretaría de Desarrollo Agropecuario, recibió acompañamiento técnico, capacitaciones especializadas y herramientas fundamentales para iniciar procesos de café de especialidad. Canecas, canastillas, conocimiento y orientación fueron el punto de partida para transformar una finca tradicional en una unidad productiva con visión de valor.

Así nació Café Grisales, un proyecto que honra el apellido de su padre y que comenzó de manera sencilla: vendiendo café a familiares y amigos. Pero detrás de cada taza había algo más poderoso: una historia auténtica.

Con el tiempo, Francy decidió apostar por llevar su producto directamente al consumidor. Su experiencia en el sector comercial le permitió abrir, hace dos años, su primera tienda en el Centro Comercial Pereira Plaza, consolidando una marca que no solo vende café, sino que cuenta su origen.

La evolución de Café Grisales no se detuvo en la comercialización. Entendiendo que el café es cultura, Francy dio un paso más: abrir las puertas de su finca al turismo.

Así nació el “cofitur”, una experiencia donde visitantes pueden vivir el proceso cafetero de primera mano; cosechar, aprender, recorrer y conectarse con la esencia del campo. Este modelo no solo diversificó sus ingresos, sino que fortaleció el vínculo entre el consumidor y el productor.

Con inversión, adecuaciones y cumplimiento de normativas, hoy la finca es también un destino turístico que promueve prácticas sostenibles y el respeto por el medio ambiente, siendo incluso certificada como negocio verde.

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