Un refugio para la conservación de semillas nativas en la UTP
Cada viernes, la Huerta Agroecológica Taapay Micuy de la Universidad Tecnológica de Pereira se convierte en un espacio de aprendizaje y reencuentro con la historia, las tradiciones alimentarias y la conservación de la biodiversidad. En este lugar, no solo se cultivan plantas, sino también saberes ancestrales sobre las semillas y su papel en la seguridad alimentaria.
Para Sebastián Barrera Montealegre, coordinador de la huerta y custodio mayor de semillas del Centro de Gestión Ambiental de la UTP, este espacio es mucho más que un sitio de cultivo: es un laboratorio natural donde la comunidad universitaria y los voluntarios se sumergen en la agroecología y la preservación de especies nativas: «Cada jornada es una oportunidad para acercarse al mundo de la agroecología, aprender sobre la preparación de abonos orgánicos, el manejo agroecológico de plagas y enfermedades, y la conservación comunitaria de semillas. Además, los participantes pueden conocer, sembrar, utilizar y consumir especies nativas, promoviendo así su conservación».
El encuentro semanal se desarrolla de 7:00 a. m. a 11:00 a. m., tiempo durante el cual los asistentes no solo adquieren conocimientos, sino que también construyen relaciones entre personas apasionadas por la agroecología. Cada sesión incluye un momento especial en el que algún voluntario prepara alimentos con productos cosechados en la misma huerta, promoviendo así una alimentación basada en la producción local.
Otro aspecto esencial es el intercambio de semillas, una práctica que fortalece la diversidad agrícola y permite la recuperación de especies en riesgo de desaparición. Las actividades en la huerta están guiadas por un enfoque agroecológico que considera las fases de la luna para determinar los momentos ideales para cada labor agrícola.
Uno de los mayores logros de la Huerta Agroecológica Taapay Micuy ha sido la creación de la Casa de Semillas, un espacio dedicado a la conservación de especies alimentarias nativas.
Actualmente, en la Casa de Semillas se resguardan alrededor de 150 especies de plantas alimenticias, de las cuales 10 han sido priorizadas por su relevancia histórica, su carácter nativo y su papel en la cultura local. Sin embargo, Sebastián Barrera sostiene que el número de especies alimentarias nativas en el territorio podría alcanzar las 250 variedades, muchas de ellas aún desconocidas para gran parte de la población.
El propósito central de la Casa de Semillas es desarrollar un proceso de conservación comunitaria, que comienza con el rescate de semillas en manos de agricultores tradicionales. Muchas de estas semillas han sido preservadas por comunidades en zonas remotas, de difícil acceso e incluso en territorios afectados por el conflicto armado, lo que ha permitido la continuidad de prácticas agrícolas ancestrales.
El trabajo en la huerta ha trascendido las fronteras del campus y ha impulsado la creación de la Red de Custodios de Semillas, un colectivo comprometido con la promoción del intercambio, cultivo y uso de semillas nativas.
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